Feminidad y autocuidado: habitar tu cuerpo con amor
En mi camino he entendido que la feminidad también es esto: el momento en el que volvemos a nosotras. A nuestro ser interior. A nuestro cuerpo. A lo que yo llamo nuestro Dios interno.
Pero para muchas de nosotras, esa conexión no ha sido fácil.
Vivimos en una constante lucha con nuestro cuerpo. Porque los senos no son como deberían. Porque las piernas tienen celulitis. Porque la nariz es muy grande. Porque algo nunca es suficiente.
Yo he sido esa mujer. Inconforme. Crítica. Exigente conmigo misma.
Por mucho tiempo creí que tenía que cambiar mi cuerpo para poder sentirme bien en él. Porque así lo aprendimos. La sociedad nos enseñó que existe un “cuerpo perfecto”, y que alcanzarlo es lo que nos dará valor.
Pero con el tiempo entendí algo que cambió mi forma de verme: Dios habita en nuestro cuerpo. Y desde ahí, todo tomó otro significado. Cuidar mi cuerpo dejó de ser un acto de vanidad… y se convirtió en un acto de conciencia.
No lo cuido por cómo se ve. Lo cuido por lo que es. Un vehículo para vivir esta vida. Para sentir. Para experimentar. Para estar aquí.
Nuestro cuerpo hace tanto por nosotras. Respira sin que lo pidamos. Nos sostiene incluso cuando estamos cansadas. Se adapta cuando no dormimos, cuando no nos cuidamos, cuando lo exigimos más de lo que podemos.
Y aun así… sigue.
Durante años yo también caí en soluciones rápidas. Pastillas, suplementos, promesas de bajar de peso. Bajaba… y luego todo regresaba. Era un ciclo constante.
Hasta que entendí que muchas veces no se trata del cuerpo… sino de lo que hay detrás.
De nuestras emociones.
De nuestras creencias.
De historias que ni siquiera son nuestras.
A veces el rechazo hacia nuestro cuerpo viene de lo que aprendimos en casa, de lo que vimos, de lo que escuchamos al crecer.
Y cuando empecé a cuestionar esas creencias, algo cambió.
Hoy puedo ver mi cuerpo desde otro lugar.
No perfecto… pero sí maravilloso. He aprendido que primero viene la aceptación. Y desde ahí, el cambio. No para cumplir un estándar. Sino para cuidarme. Para nutrirme con amor y conciencia.
Hoy amo mi cuerpo. Y lo agradezco todos los días. Agradezco que respira. Que me permite moverme. Que me sostiene incluso cuando antes yo no lo hacía.
La feminidad también es esto. Es mirarte al espejo sin juicio. Es hablarle a tu cuerpo con amor. Es honrarlo por todo lo que ha hecho por ti.
No desde la vanidad…
Desde el respeto. Porque cada cicatriz, cada estría, cada cambio en tu cuerpo cuenta una historia.
Tu historia.
Y merece ser vista con compasión, no con rechazo.
Hoy te invito a algo simple:
Mírate al espejo. Y en lugar de buscar lo que no te gusta…agradece.
Porque tal vez no necesitas cambiar tu cuerpo para amarlo. Tal vez necesitas amarlo… para comenzar a cuidarlo.
⸻
🌿 Minipráctica: Ritual frente al espejo
Busca un momento a solas y párate frente al espejo.
Mírate con suavidad, sin prisa.
Observa tu rostro, tu cuerpo, tu presencia… sin juzgar.
Coloca una mano en tu corazón y otra sobre tu cuerpo.
Respira profundo.
Y di en voz alta o en tu mente:
“Gracias, cuerpo, por sostenerme.”
“Gracias por todo lo que haces por mí, incluso cuando no te cuido como mereces.”
Permítete sentir lo que venga.
Ahora elige una parte de tu cuerpo que normalmente criticas…
y en lugar de rechazarla, agradécele.
Quédate unos segundos más contigo.
Sin cambiar nada.
Sin exigirte nada.
Solo estando.
Porque la feminidad también es esto:
aprender a mirarte con amor.
⸻
Elizabeth Medina
Mujer que se encontró, y ahora camina con otras.