Cómo mi rutina de cuidado de piel me ayudó a volver a mí
Hay momentos en la vida en los que nos vemos al espejo… y sentimos que algo cambió.
No hablo solamente de lo físico. Hablo de esa sensación profunda de ya no reconocernos. De mirarnos y sentir que nuestro brillo se apagó. Que nuestra mirada ya no tiene la misma vida.Que algo dentro de nosotras se desconectó silenciosamente.
Lo comparto porque me pasó.
Hubo una etapa de mi vida en la que verme al espejo se volvió difícil. Ya no veía a la mujer que alguna vez fui. Mi energía no era la misma. Y aunque por fuera seguía funcionando, por dentro me sentía distante de mí.
Viví mucho tiempo con la creencia de que no sabía hacer nada y que no podía hacer nada. Me sentía desconectada de mi valor y de mi esencia. Pero en medio de ese momento de mi vida, Dios puso frente a mí una oportunidad que comenzó a cambiar mi manera de verme. Y lo más hermoso fue entender que no tenía que hacer más… solo tenía que volver a ser.
Ahí comenzó mi despertar hacia esta nueva versión de mí.
Cuando los productos de cuidado de piel llegaron a mi vida, algo mucho más profundo empezó a suceder. No fue solamente cuidar mi piel. Fue aprender a verme con compasión.
Antes no tenía una relación consciente conmigo misma. Ni siquiera me lavaba la cara antes de dormir; solo en las mañanas. Me ponía capas y capas de maquillaje porque sentía que sin él no era suficiente. Incluso para ir a la tienda necesitaba base, polvo, sombras, pestañas, rubor y lipstick. Siempre estaba cubierta porque en el fondo sentía que mi cara natural no era suficiente.
Pero poco a poco algo comenzó a cambiar.
A través de mi rutina de cuidado de piel empecé a conectar conmigo de una manera más amorosa. Aprendí a verme con más dulzura y menos juicio. Y mientras más cuidaba mi piel con conciencia, menos necesidad sentía de esconderme.
Hoy ya no uso tanto maquillaje como antes, porque aprendí a quererme más natural. Aprendí a sentirme cómoda viendo mi rostro tal como es. No porque ahora me vea “perfecta”, sino porque dejé de verme desde la crítica constante.
Y creo que ahí comenzó una parte muy importante de mi amor propio.
Cuando colocaba los productos en mis manos y sentía la fragancia natural, algo me aterrizaba al presente. Empecé a acariciar mi rostro con más dulzura. A observarme sin tanta crítica. A entender mi proceso sin rechazo.
Ahí entendí que el autocuidado consciente puede convertirse en una forma de sanación.
Porque cuando te das unos minutos para tocar tu piel con amor, respirar profundo y estar presente contigo misma, algo cambia internamente.
Ahí comienza a regresar tu esencia.
Y desde ese lugar también empiezas a querer cuidar otras áreas de tu vida. Tomas más agua porque quieres sentirte bien. Empiezas a mover tu cuerpo desde el amor y no desde el castigo. Comienzas a elegir alimentos más saludables porque entiendes que tu cuerpo merece cuidado.
Todo empieza a conectarse.
Hoy entiendo que Dios habita en nuestro cuerpo. Y por eso cuidarlo no es vanidad. Es amor, conciencia y gratitud.
No se trata de buscar perfección.
Se trata de crear conexión.
Porque cuando una mujer vuelve a verse con dulzura, algo dentro de ella despierta nuevamente.
Y poco a poco… vuelve a reconocerse.
⸻
🌿 Mini ritual: Regresar a ti a través de tu piel
Esta noche, cuando hagas tu rutina de cuidado de piel, hazlo diferente.
No lo hagas rápido ni automáticamente.
Coloca el producto en tus manos y respira profundamente. Siente la textura, la fragancia y el momento presente.
Mientras acaricias tu rostro, mírate con suavidad.
No busques defectos.
No te critiques.
Solo obsérvate.
Y repite lentamente:
“Me permito verme con amor.”
“Me permito regresar a mí.”
“Mi cuerpo merece cuidado, presencia y dulzura.”
Quédate unos minutos contigo.
Porque a veces el amor propio no comienza con grandes cambios.
A veces comienza con algo tan simple como tocar tu piel con conciencia.
⸻
Elizabeth Medina
Mujer que se encontró, y ahora camina con otras.